Gracias a un dosier encontrado en la vivienda de Canseliet, que fue recogido por su propia hija y por su discípulo Jean Laplace, tenemos los títulos de los capítulos que iban a conformar la obra final de Fulcanelli, Finis Gloriae Mundi, y cuyo desarrollo lamentablemente dejó en el tintero al fallecer. Capítulos claramente relacionados con la última morada del alquimista, Sevilla, destino de Canseliet en su encuentro con su maestro en la década de los 50. Estos títulos vinieron acompañados de una serie de fotografías que claramente debían ser usados por Champagne para dibujar las láminas que ilustrarían la obra.
Pero en el dosier también se encontró otro documento solitario, que no guardaba relación alguna con los títulos escritos. Un último vestigio cuya descripción despierta interrogantes inquietantes. Según el testimonio de la hija de Canseliet y Jean Laplace, el documento consistía en una fotografía sellada con tinta violeta, marcada con la inscripción D4, representando una cruz de piedra con cinco bolas. Un objeto insólito, poco común en el imaginario arquitectónico europeo. Si buscamos en España, Francia y países limítrofes, encontramos una sola candidata: la cruz de piedra de cinco bolas en Málaga, un monumento envuelto en un misterio que el tiempo no ha conseguido disipar.
La teoría más aceptada, expuesta por Rafael Verdier en su
estudio de 1973, Cinco bolas y un misterio, sostiene que estas bolas de
colores en forma de cruz griega representan el cirio pascual, el cual
tradicionalmente siempre ha llevado cinco bolas en forma de cruz sobre el
cuerpo, compuestas de cera e incienso, y que servían para dar el aroma
característico en la noche del Sábado Santo.
Pero si Carlos-Fulcanelli se interesó en esta cruz, ¿qué
quería decirnos? ¿Vio en los colores de las bolas una representación de las
etapas de la Gran Obra alquímica? ¿Buscaba una conexión con el cirio pascual y
su relación con las columnas de cera de Constantino?
No tenemos respuestas, solo la certeza de que Carlos de
Borbón, durante su estancia en Sevilla, se sintió atraído por misterios
cercanos: el Hospital de la Caridad, Don Miguel de Mañara, las obras de Valdés
Leal como el Finis Gloriae Mundi e In Intu Oculi, y, por último,
la enigmática cruz de piedra de cinco bolas en Málaga. Documentos confirman sus
numerosas visitas a la ciudad, incluyendo estancias en 1924, 1926, 1927 y 1930,
lo que refuerza la hipótesis de su interés en este símbolo enigmático.
El misterio persiste. La cruz sigue allí, testigo silente de
una historia no contada, esperando quizás que alguien descifre su verdadero
mensaje.






No hay comentarios:
Publicar un comentario