martes, 8 de abril de 2025

Cinco bolas y un misterio

Gracias a un dosier encontrado en la vivienda de Canseliet, que fue recogido por su propia hija y por su discípulo Jean Laplace, tenemos los títulos de los capítulos que iban a conformar la obra final de Fulcanelli, Finis Gloriae Mundi, y cuyo desarrollo lamentablemente dejó en el tintero al fallecer. Capítulos claramente relacionados con la última morada del alquimista, Sevilla, destino de Canseliet en su encuentro con su maestro en la década de los 50. Estos títulos vinieron acompañados de una serie de fotografías que claramente debían ser usados por Champagne para dibujar las láminas que ilustrarían la obra.

Pero en el dosier también se encontró otro documento solitario, que no guardaba relación alguna con los títulos escritos. Un último vestigio cuya descripción despierta interrogantes inquietantes. Según el testimonio de la hija de Canseliet y Jean Laplace, el documento consistía en una fotografía sellada con tinta violeta, marcada con la inscripción D4, representando una cruz de piedra con cinco bolas. Un objeto insólito, poco común en el imaginario arquitectónico europeo. Si buscamos en España, Francia y países limítrofes, encontramos una sola candidata: la cruz de piedra de cinco bolas en Málaga, un monumento envuelto en un misterio que el tiempo no ha conseguido disipar.

La cruz en cuestión se yergue junto a una puerta lateral de la Iglesia de San Juan Bautista, una de las parroquias fundadas por los Reyes Católicos tras la reconquista de la ciudad. Esta ubicación da entrada a un pequeño callejón, la Calle de las Cinco Bolas, que inicialmente no tenía salida y solo daba acceso a determinados edificios aledaños a la iglesia.

La cruz misma, con sus enigmáticos colores y formas, ha sido un rompecabezas para los historiadores, incapaces de descifrar su verdadero origen y significado. Símbolo turístico de la ciudad, la cruz se conforma como un gran misterio local.


La teoría más aceptada, expuesta por Rafael Verdier en su estudio de 1973, Cinco bolas y un misterio, sostiene que estas bolas de colores en forma de cruz griega representan el cirio pascual, el cual tradicionalmente siempre ha llevado cinco bolas en forma de cruz sobre el cuerpo, compuestas de cera e incienso, y que servían para dar el aroma característico en la noche del Sábado Santo. 


Pero si Carlos-Fulcanelli se interesó en esta cruz, ¿qué quería decirnos? ¿Vio en los colores de las bolas una representación de las etapas de la Gran Obra alquímica? ¿Buscaba una conexión con el cirio pascual y su relación con las columnas de cera de Constantino?

No tenemos respuestas, solo la certeza de que Carlos de Borbón, durante su estancia en Sevilla, se sintió atraído por misterios cercanos: el Hospital de la Caridad, Don Miguel de Mañara, las obras de Valdés Leal como el Finis Gloriae Mundi e In Intu Oculi, y, por último, la enigmática cruz de piedra de cinco bolas en Málaga. Documentos confirman sus numerosas visitas a la ciudad, incluyendo estancias en 1924, 1926, 1927 y 1930, lo que refuerza la hipótesis de su interés en este símbolo enigmático.

El misterio persiste. La cruz sigue allí, testigo silente de una historia no contada, esperando quizás que alguien descifre su verdadero mensaje.




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