A finales de
2024, cuando daba los últimos retoques a la segunda revisión de mi libro, un reportero de renombre contactó con mi padre y conmigo.
Quería hablar sobre nuestra investigación en torno a la identidad de Fulcanelli
y, entre los temas que surgieron, nos instó a indagar en un lugar del que
apenas se sabía nada: un cortijo en Carmona, Sevilla, mencionado por Patrick
Rivière, discípulo de Eugène Canseliet, y del que publicó dos fotografías.
Nuestra
primera reacción fue escéptica. Rivière nunca nos pareció un investigador
serio; su teoría de que Fulcanelli era Jules Violle se basaba en encajes
forzados y evidencias débiles. Sin embargo, nunca fue deshonesto en sus
escritos, y si esta pista no aportaba nada a su propia teoría, ¿por qué la
mencionaría? Algo en esa información nos llevó a darle una oportunidad.
Tras una
búsqueda exhaustiva, logramos identificar el cortijo de las misteriosas
fotografías: la Hacienda Vera Cruz. Su propietaria actual, Cristina, confirmó
sin dudarlo que las imágenes correspondían a su finca, cuyos muros y ventanas
permanecen intactos, y que incluso la plantación de naranjos sigue en pie,
aunque abandonada. Hasta aquí, todo parecía una simple anécdota. Sin embargo,
al investigar la historia de la hacienda, descubrimos que había pertenecido a
figuras de la aristocracia española con conexiones directas con la familia real
y, más importante aún, con Carlos de Borbón-Dos Sicilias.
La hacienda
fue fundada por los Marqueses de Saltillo y más tarde pasó a manos del Convento
de Santa Catalina de Sena. Pero lo que más nos llamó la atención fue una de sus
arrendatarias: la V Marquesa de Miraflores, Genoveva de Samaniego y Pando
(1841-1926), quien residió en la Hacienda junto a su familia en los años que
nos ocupan. Su linaje estaba estrechamente ligado a la monarquía española. Su
hermano, Honorio, IV Marqués de Miraflores, fue primer montero del rey Alfonso
XIII y caballero del Toisón de Oro, mientras que su esposa, Filomena, fue dama
de las reinas Mercedes, María Cristina y Victoria Eugenia.
Genoveva,
nacida en París y vinculada a la alta sociedad europea, también fue dama de
honor de María Cristina y Victoria Eugenia. Su esposo, Alonso Tomás Álvarez de
Toledo y Silva, pertenecía a una de las principales familias de la Grandeza de
España. De sus hijos, que siguieron disfrutando de la hacienda, nos encontramos
a Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo y Samaniego, coronel de Caballería de
Húsares de la Princesa y caballero de Calatrava, con un puesto en la Cámara de
Alfonso XIII. Y el segundo hijo, Manuel Álvarez de Toledo y Samaniego,
diplomático y consejero de Estado, estuvo aún más cerca de la realeza: fue jefe
de la Casa de los infantes Don Fernando y Doña María Teresa, hermanos de
Alfonso XIII, y se le vio en numerosas ocasiones junto al rey y a Carlos de
Borbón-Dos Sicilias.
Canseliet
había mencionado que, en su estancia en Sevilla, había residido tanto en la
ciudad como en las afueras. Siempre supusimos que se refería al Palacio de
Villamanrique de la Condesa, pero ¿y si también hablaba de la Hacienda Vera
Cruz? Las fotografías que Rivière no pudo explicar parecen apuntar en esta
dirección. La estrecha relación entre la familia Álvarez de Toledo y Carlos de
Borbón-Dos Sicilias abre una posibilidad inesperada: ¿podríamos estar ante uno
de los enigmáticos hermanos de Heliópolis?


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