Afortunadamente, no estamos obligados a movernos únicamente en el terreno de las hipótesis.
Tras el fallecimiento de Eugène Canseliet, Jean Laplace tuvo ocasión de examinar diversos documentos conservados en su vivienda. Según relata, junto a su hija Isabelle Canseliet, apareció un dosier que contenía materiales relacionados con la tercera obra de Fulcanelli.
Lo más significativo era el documento que encabezaba aquel conjunto.
Se trataba de una fotografía del célebre cuadro Finis Gloriae Mundi de Valdés Leal, conservado en el Hospital de la Caridad de Sevilla. En el reverso figuraban anotaciones manuscritas atribuidas a Fulcanelli donde se indicaba que aquella imagen debía servir de modelo para que Julien Champagne realizara la portada de la futura obra:
La fotografía que iba a servir de modelo para el dibujo de Champagne del frontispicio lleva una nota manuscrita en el reverso en la que se especifica que se debe aprovechar la redondez del marco para introducir, en un lado, las pirámides de Egipto ahogadas bajo el agua con la palabra griega CHTHES (ayer) inscrita en una filacteria, y en el otro, las mismas pirámides en un paisaje calcinado con la palabra AYRION (mañana).
Este detalle posee una importancia considerable.
Si las indicaciones son auténticas, y no existe razón para pensar lo contrario, el título no habría sido una elección posterior de Canseliet ni una denominación arbitraria aplicada tras la muerte del autor. Por el contrario, formaría parte del propio proyecto editorial concebido por Fulcanelli.
No estaríamos, por tanto, ante una simple asociación realizada a posteriori entre unos manuscritos y un cuadro famoso de Sevilla.
La referencia al Finis Gloriae Mundi sevillano ya estaba presente desde la concepción misma de la obra.
Y ello obliga a preguntarse cuándo y cómo llegó esa imagen a manos del autor.
Sevilla como origen del proyecto
La respuesta parece encontrarse en el célebre viaje realizado por Eugène Canseliet a España a comienzos de la década de 1950.
Como hemos desarrollado extensamente en nuestro estudio, existen numerosas pruebas de aquel desplazamiento. Sin embargo, una de las más reveladoras suele pasar desapercibida.
Entre los documentos del dosier conservado por Canseliet apareció también un pase especial de acceso al Hospital de la Santa Caridad de Sevilla.
No era un documento cualquiera. Este tipo de acreditaciones solían ser facilitadas por miembros de la propia Hermandad y permitían acceder a espacios normalmente reservados.
La cuestión adquiere especial interés cuando recordamos que S.A.R. Carlos de Borbón-Dos Sicilias y su esposa pertenecían precisamente a dicha Hermandad.
La coincidencia resulta difícil de ignorar.
Si, como sostenemos, Canseliet recibió en Sevilla los papeles póstumos de quien se ocultaba tras el nombre de Fulcanelli, resulta perfectamente lógico que también tuviera acceso privilegiado al lugar donde se conservaba el cuadro destinado a inspirar la portada de la obra inacabada.
De este modo, el título Finis Gloriae Mundi deja de aparecer como una referencia abstracta o puramente doctrinal.
Se convierte en algo mucho más concreto.
Un vínculo directo entre Sevilla, Carlos de Borbón y la última obra de Fulcanelli.

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